viernes, 3 de septiembre de 2010

Robin Hood
Robin Hood

Los oscarizados Ridley Scott y Russell Crowe vuelven a aunar esfuerzos para intentar repetir el éxito comercial de Gladiator (2000) y presentan esta revisitación de la legendaria figura de Robin Hood, convenientemente actualizada para el paladar de los espectadores del siglo XXI.

En la Inglaterra del siglo XIII, un bandolero y su banda de maleantes se rebelan contra la corrupción del despótico sheriff de Nottingham asaltando a todos cuantos caen en sus manos, sobre todo si son ricos y aliados del sheriff. Pronto conocerá a una extraordinaria mujer que dudará de sus motivaciones y le convencerá para reunir un pequeño ejército y luchar contra la opresión.

Evidentemente, tratándose de Ridley Scott, a quien no le gustan demasiado los héroes blandos de antaño, este Robin Hood moderno es mostrado como un asesino despiadado que no duda en utilizar ninguna artimaña para salir bien librado de sus sangrientas fechorías y envuelto en una cruzada sin sentido contra una opresión gubernamental que recuerda demasiado a la actual – pago de impuestos abusivos, incluido –. Tampoco tenemos una banda de asaltadores “felices”, sino mercenarios ávidos de sangre y riquezas. ¡Incluso el bosque de Sherwood no es sino mostrado hacia el final de la película! Y no será hasta la aparición de Lady Marion que la historia toma carices más propios de la leyenda que está adaptando.

La película no pasará a la historia como uno de los mejores trabajos de Scott o Crowe, sin embargo, tiene momentos más que afortunados y la aventura se encuentra convenientemente dosificada, lo mismo que las escenas de batalla. Pero, el ritmo lento y pausado impuesto por Ridley Scott lo cierto es que no ayuda demasiado y tiene como consecuencia que se escape algún bostezo de vez en cuando.

Junto a Russell Crowe, en el reparto, veremos con desigual acierto a Danny Huston, Kate Blanchett, Max Von Sydow, Mark Strong – algo desubicado fuera de sus historias de gangsters de Matthew Vaughn y Guy Ritchie – y William Hurt.

En definitiva, un acercamiento diferente a la figura de Robin Hood que gustará más a algunos y menos a otros pero que no dejará descontento a casi ninguno. Al mismo tiempo que, en la trama, Robin tiene que aprender a ser un héroe, el espectador irá descubriendo cómo liberarse de preconcepciones sobre Robin Hood y dejarse tocar por este nuevo personaje salido de la pluma de Ridley Scott y Brian Helgeland.

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miércoles, 1 de septiembre de 2010

La Danza del Cementerio
La Danza del Cementerio

Douglas Preston y Lincoln Child son dos de los escritores de thrillers más prolíficos del panorama literario norteamericano. Su serie sobre el excéntrico agente especial del FBI, Aloysius Pendergast, ha generado casi una decena de novelas desde que hiciera su aparición en The Relic, en 1995. Fusionando siempre elementos de la literatura policíaca con la fantástica, Pendergast y su particular obsesión por utilizar las normas a su libre albedrío con tal de capturar al criminal de turno se ha hecho un hueco más que importante en el universo de los detectives literarios.

En esta ocasión, los autores le enfrentan a una trama de vudú, muertos vivientes y asesinatos que comienza mandando al otro barrio a uno de los personajes más recurrentes de la serie. Por supuesto, Pendergast se encarga de la investigación para destapar un culto secreto, afincado en el barrio antiguo de Nueva York – sí, señores, existe tal cosa aunque no luzca monumentos prerrománicos u otras ruinas arquitéctonicas – y que parece estar resucitando gente para cometer sus felonías. Lo que comienza como un extrañísimo caso se asesinato pronto deriva en una introspectiva – que debiera ser más profunda pero se queda, lamentablemente, en la superficie – sobre los cultos vudú y el sacrificio de animales. Y por imposible que parezca, Preston y Child ofrecen una explicación racional al caso de los muertos resucitados y la novela tiene los suficientes giros en la trama como para mantener el interés sin demasiadas complicaciones.

Aunque uno pueda pensar que los autores no muestran su mejor predisposición en esta ocasión y que La danza del cementerio no pasará a la historia como una de sus mejores novelas – quizás se encuentren algo cansados de combinar las andanzas de Pendergast con sus propias novelas en solitario y estén algo fuera de juego – su lectura no deja de proporcionar un buen suspense y el ritmo adecuados para que sea difícil de soltarla hasta la última página. Al fin y al cabo, no deja de ser uno de esos libros que invitan a recostarse, relajarse y disfrutarlos sin mayores contemplaciones.

La ficción de puro entretenimiento es lo que tiene. Literatos enteradillos y pseudo intelectualoides, abstenerse. Yo, por mi parte, no puedo esperar a su próxima novela.

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